Cuando me siento caer ante lo desconocido o creo que se perderá mi escencia... en ese momento me dibujo en colores y vuelvo a volar en las alas de mi mente y la melodía se disfraza de coraza para proteger a mi extasiado corazón

Nota

Queridas Sombras:
No se pierdan los mini cuentos de la parte inferior... siempre visibles...

viernes, 18 de junio de 2010

Nación

Todos los días era un día especial en Nación, cada día había alegría y jolgorio, cada día era una bendición, para todos, menos para Amelia. Ella miraba, todos los días, cómo su sueño se iba en las manos de otras, cómo la alegría la esquivaba como a nadie... todos los días ella fue infeliz, miserable y desdichada.

Hace tanto tiempo que ella ya no cree en los milagros, hace tanto tiempo que lo intenta sin éxito y hace tanto tiempo que ella quiere morir.

Un día cualquiera, como cualquier otro en el mundo de Amelia, sintió un pequeño calor en la parte baja del vientre, un calor inusual y amoroso, abrazador pero reconfortante, y sintió que su mundo giraba. ¿Acaso no había pasado ya por esto antes? ¿Acaso la Luz no lograba dimensionar el dolor que le causaba este regalo, dándole el peso de la esperanza? ¿Acaso, con este, no moriría también su corazón?

Ella sabía todo esto, no era la primera vez. En un mundo hecho para la vida, donde cada día se abría un nuevo canal al mundo y un nuevo llanto le daba sonido a un mundo melodioso, donde cada mujer ya era cinco veces más afortunada que Amelia, ella sabía que era la excepción... ella sabía que el calor se apagaría.

Con el dolor de su alma, a la mañana siguiente vio cómo se abría el rojo río de la agonía, el río de la impotencia, el río de la verdad, y con este río, vio cómo se iba consumiendo la llama de su esperanza... otra vez, su cuerpo rechazaba el amor...

sábado, 12 de junio de 2010

Solo para que puedan comentarlo

Este es el segundo, de una seguidilla de cuentos breves, que se irán agregando al blog de manera permanente y siempre visibles.

La idea de estos cuentos es que, no importa el tiempo que pase, siempre podrás verlos en la página principal, a diferencia de las entradas, que van desapareciendo conforme publicas más...

Demás está decirte que espero que lo disfrutes y que comentes...


La Princesa y La Estrella

Erase una vez un bosque, uno de esos bosques de ensueño, los que se llenan de hongos y musgo, pero jamás te manchas (qué conveniente), con fina niebla de color púrpura y destellos dorados, con espectros, hadas, minotauros y centauros, con ninfas y banshees. Además, mira qué raro, también tiene un lago, con sapos que se convierten en príncipes, con sirenas que sueñan con caminar entre los setos, con duendes que buscan un buen árbol para dormir y troles que esperan debajo de los puentes.

Un buen día llegó una princesa, obvio, vestida de colores pasteles y con una extraña y ausente sonrisa, de esas que te dejan dudando si hay actividad cerebral dentro de su rubia y platinada cabeza. La chica seguía una estrella que le juró que tenía un amor para ella, de esos amores prototipo con sonrisa de anuncio publicitario y pectorales de revista de deportes; entonces se perdió en el bosque y se encontró con una emboscada. Todas las criaturas fantásticas de los cuentos de hadas estaban sentadas alrededor de un árbol caído, jugando black jack y fumando unos puros. A lo lejos, en la orilla del lago se veía una insinuante sirena coqueteando con un sapo, y el gnomo que los miraba, se veía extrañamente emocionado. Además, estuvo segura de ver a una mariposa volar ebria.

En ese momento la princesa se preguntó si estaba soñando, puesto que, no se supone que sea así como se comporten las criaturas que se precien de decentes, y ella, en realidad, esperaba aves cantantes y ciervos bailarines.

Entonces, desde el cielo, descendió la estrella que ella perseguía y resultó ser una bruja blanca, y ésta le dijo: "Oh querida mía, qué maravilloso que hayas llegado al fin". Y la princesa, frustrada por el engaño de la estrella, le recrimina: " ¿No se suponía que yo venía a buscar a mi príncipe azul?". Y la estrella le contesta: "Mi querida, si quieres al hombre perfecto, morirás sola, y si te conformas con un buen hombre, despierta de este sueño cliché y anda a buscar un hombre de carne y hueso, porque durmiendo en tu cama y soñando con híbridos de animales, no llegarás a ninguna parte"...

11-06-2010
Original de Lady Carmilla

lunes, 7 de junio de 2010

El limbo




Cadenas de rosas entre encajes ensangrentados, los exuberantes vuelos de mi abultado cuello se deshacen entre llamas, las cortinas de tul de mi vestido se mezclan con el abanico de época que perteneció a mi madre y crean una extraña figura a mi cuerpo desmembrado.

Mi mirada se despoja de sentido y desde el balcón veo lo que queda de mi cuerpo.

Una extraña sensación recorre mi espíritu, creo que hay algo que me arranca de mí, que me encierra en la oscuridad y que no me deja ver lo que hay a mi alrededor. Creo que muero.

Veo almas que pasan a través de mí, pero no son capaces de distinguirme, arrastran cadenas de pesares infinitos, los atan grilletes de pecados encarnados.

Avanzo en la penumbra y me siento ligera, pero pesada a la vez. De repente, los espíritus que hace poco me ignoraban, parecen más consientes de mi presencia. Ahora me miran a los ojos y el pesar y la pena iluminan sus miradas. Hay algo que reconocen en mí.

Y, entonces, mi avance se hace más lento y dificultoso, miro mis muñecas y se distingue un destello de plata, sólo un hilo. Miro mis tobillos y el pánico se apodera de mi ser; las mismas cadenas que apresan a esas almas se ciernen en mí y los grilletes comienzan a apretar y romper la carne que no es carne y pequeños hilos de plata comienzan a salir de las heridas lacerantes de mi cuerpo gris.

Ya no puedo caminar, pero hay algo que debo alcanzar, pero no sé lo que es.

En mi desesperación me arrastro hacia adelante y algo más complementa mi nueva vestimenta. De mis finas ropas, ya nada queda, ahora es la desnudez lo que cubre a mi cuerpo y un nuevo par de cadenas y grilletes plateados empujan mis manos al suelo.

Tengo tanta sed que no puedo saciar, tanta hambre que no puedo aliviar, el dolor no logra mitigar y mis heridas no quieren cicatrizar.

Tantas historias sobre la eternidad, tantas ilustraciones de un mundo perfecto lleno de bondades, tantas expectativas formadas de la gente que no sabe de lo que habla y, aquí, yo, anhelando lo que no me es brindado y lo que jamás veré, en el limbo de las almas en pena, en el infierno de la codicia y la banalidad...

Y mi cuerpo sigue quemándose...